Irán lanzó un ataque devastador contra el centro de Bahrein, mostrando imágenes de destrucción total en pleno corazón de la ciudad, en medio de la escalada de la guerra iniciada con el asesinato de Ali Khamenei y la designación de su hijo Mostafa como nuevo líder supremo, mientras Israel replicó bombardeando un cuartel y una refinería petrolera iraní.
Países del Golfo como Bahrein, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita se defendieron pero no contraatacaron Irán hasta ahora, según análisis militares que sugieren coordinación liderada por Estados Unidos e Israel para evitar un caos multi-frente; sirenas suenan en Tel Aviv por misiles balísticos desde Irán, Hezbollah o hutíes yemeníes, con heridos en las calles y máxima alerta global en embajadas israelíes, incluyendo la de Buenos Aires con vallados preventivos.
El primer ministro de Qatar instó a la desescalada y salida diplomática, mientras Emmanuel Macron expresó solidaridad con Bahrein y Francia se mantiene firme a su lado; panelistas alertan sobre el régimen chiíta iraní que oprime a su pueblo de 80-90 millones, financia a Hamas, Hezbollah y hutíes, y busca retrotraer el mundo al medievo tras la Revolución Islámica de 1979, enfatizando que Argentina conoce sus atentados como AMIA y embajada de 1994.
Vigilancia máxima en triple frontera y Bolivia por células iraníes; impacto económico inminente con subas en abonos (70%) y gas (50%), potencial inflación del 2,4% si dura tres meses, afectando combustibles y exportaciones petroleras en la región.