El Estrecho de Ormuz permanece paralizado por amenazas iraníes, afectando el 63% de la urea granulada importada por Argentina, explicaron los periodistas Lucas Kaufman y Gabriel desde Dubái. Los barcos están fondeados en golfos cercanos sin cruzar el estrecho vulnerable a misiles y drones, mientras el puerto de Chevelari fue bombardeado recientemente aunque reabrió. Ningún petrolero atraviesa sin seguros marítimos, suspendidos por el conflicto.
Los residentes en Dubái y Emiratos Árabes Unidos mantienen una vida casi normal pese a los ataques, confiando en la defensa antimisiles del 92% de eficacia. Durante el Ramadán, las oficinas cierran temprano por el ayuno, reduciendo el tráfico diurno, aunque las calles reviven al atardecer para la ruptura del ayuno. Gabriel, arqueólogo local, duerme a metros de las ventanas para evitar vidrios rotos por explosiones y mostró su ventana con vida cotidiana intacta, incluyendo construcciones y un asado.
Lucas Kaufman relató un civil muerto en zona céntrica de Dubái por ataque iraní, pero la sociedad apuesta a la normalidad gubernamental. Ante alarmas, la gente corre a parkings subterráneos o halls, sin refugios como en Israel. Lugares turísticos como Blue Waters y Burj Al Arab tienen menos público, con turistas varados, aunque la población estable evita riesgos innecesarios.
Los emiratos tienen economías diversas: Dubái enfocado en turismo, finanzas y puerto Jebel Ali; Abu Dhabi en petróleo; Fuyaira atacado por su terminal petrolera. El conflicto genera gastos extras y tensiones, con impacto global en combustibles que podría trasladarse a Argentina, según anticiparon expertos como Hugo Vázquez.