La jornada de ayer en el Congreso incluyó una represión policial desmedida contra manifestantes, destacando un operativo descomunal que falló al permitir que activistas de Greenpeace accedieran a las escalinatas con inodoros simbólicos.
Los efectivos no detectaron la protesta hasta que fue evidente, quedando en evidencia su inoperancia. Detuvieron a los activistas, sabiendo que cuentan con representación legal y son liberados tras una hora.
Los llevaron a una playa de estacionamiento ahora controlada por el Senado, frente a la entrada sobre calle Irigoyen.