Se afirmó que el secreto de un servicio eficaz no reside en dones, cualidades o logros humanos, sino en la sumisión total y sin reservas a la dirección del Espíritu Santo.
Se explicó que cuando una persona es gobernada y poseída por el Espíritu Santo, y rinde cada área de su vida a Él, se convierte en un instrumento poderoso para el Señor.
Se destacó la importancia de la dependencia del Espíritu Santo y la obediencia a su guía, como lo demostraron los primeros cristianos y el apóstol Pablo, quienes actuaban en conformidad con la voluntad divina.
Se concluyó que la confianza debe estar en el Espíritu Santo, quien hablará a través de nosotros y convencerá de pecado, transformando los corazones duros en sensibles a Dios.