Se inició un momento de oración pidiendo a Dios que escuche las necesidades y problemas de las personas, y que intervenga con su poder y luz para resolverlos y destruir las batallas que enfrentan.
Se invocó el poder de Dios para sanar dolores en diferentes partes del cuerpo, reconociendo que solo Dios conoce el origen de las dolencias. Se enfatizó la importancia de la fe para recibir la bendición y la liberación.
Se reprendió con autoridad a toda fuerza maligna que haya oprimido a las personas, exigiéndole que se retire. Se instó a los presentes a orar con seriedad, concentración y a pedirle a Dios con la convicción de que Él es el Creador y puede expulsar el mal.
Se recalcó la necesidad de aprender a asumirse y creer en la palabra de Dios para recibir la bendición prometida. Se afirmó que el cuerpo es templo del Espíritu Santo y que, al dar órdenes, se puede determinar la liberación de toda opresión.