Se presenta una tensa interacción en el lugar de trabajo. El Señor Standis, dueño del establecimiento, da órdenes directas y humillantes a Charles, exigiendo que lave las ventanas nuevamente y sin prisas, a pesar de haberlas limpiado esa mañana.
La situación genera malestar en Charles, quien se siente humillado frente a su esposa y se preocupa por la necesidad de dinero. Jonathan, por su parte, expresa su tristeza por no tener empleo y la dificultad de pensar con el ruido constante.