Laura superó la depresión, pensamientos suicidas, vicios y prejuicios contra la Iglesia Universal tras perder a sus padres en la adolescencia y escuchar calumnias sobre la iglesia.
Pasó 10 años sufriendo insomnio, aislamiento y problemas espirituales como voces y sombras, recurriendo a curanderos, hasta que una invitación la llevó a probar pese a sus dudas.
Desde la primera participación, se liberó de depresión, tristeza, cigarrillo y enfermedades de sus hijos; perdonó a su hermana fallecida, recibió el Espíritu Santo y recondujo a su esposo tras tres años de lucha.
Laura invita a ignorar prejuicios y asistir a la iglesia para transformación personal, destacando que no se trata de dinero sino de fe práctica.