El pastor continuó su llamado urgente a confesar pecados en el altar para recibir salvación eterna, enfatizando que la sangre de Jesús limpia el alma roja como la nieve y libera de acusaciones del infierno.
Realizó una cuenta regresiva de un minuto para que las personas indecisas se acerquen, gritando "ahora, ahora, ahora" y advirtiendo que Dios espera ese momento para cambiar destinos familiares malditos por enfermedades y escasez.
Guió una oración colectiva donde los asistentes reconocen a Jesús como Dios, creen en sus milagros vistos, piden perdón por todos los pecados y salvación personal, visualizando cómo Dios borra la lista de faltas y limpia el alma.
El pastor testificó previamente milagros físicos como sanaciones de rodillas, oídos y cánceres, pero priorizó la salvación eterna sobre curas temporales, explicando que todos pecaron y merecen infierno, pero la gracia de Cristo inscribe nombres en el libro de vida trayendo felicidad, salud y victoria.