Amado Carrillo Fuentes, el Señor de los Cielos del Cártel de Juárez, lavó millones en propiedades argentinas como un departamento en Avenida Alvear por 600 mil dólares, una estancia de 2 mil hectáreas en la costa bonaerense y un campo en Sierra de los Padres. En los 2000, el narcotráfico mexicano viró de cocaína a efedrina, precursor de metanfetamina, importando masivamente desde China e India vía Argentina porque México lo prohibió.
En 2007, policías descubrieron un laboratorio improvisado en Maastricht con mexicanos produciendo droga; explotó por garrafas, oliendo a huevo podrido. La investigación se opacó por el triple crimen de General Rodríguez (Forza, Ferrán y Vinna) y el suicidio de un contacto, Vilan, ligado a farmacéuticos que vendían efedrina sin control a narcos.
Juan Jesús Martínez Espinosa, químico mexicano de Guanajuato, radicado en Argentina, producía metanfetamina y la enviaba a México en botellas de vino y azúcar; mexicanes secuestraron 200 kilos en azúcar y Argentina 600 kilos en 12 mil kilos de azúcar en Barracas. Detenido en Paraguay tras prófuga, cumplió 12 años en Ezeiza y fue expulsado.
Martínez alquiló habitaciones en su quinta de Pilar y Maschwitz para "cosméticos", pero hallaron elementos de laboratorio; negó vínculos con Sebastián Forza, aunque lo conoció en una comida de droguería. Fernando Ventura, socio, sospechó de exportaciones raras de vino y delató. Un embarque olvidado en Ezeiza durante el gobierno de Macri reveló el escándalo.