La Revolución Haitiana de 1791 propagó la esclavitud azucarera a Luisiana y Cuba, pese a la abolición en Francia en 1794. Napoleón Bonaparte intentó restablecerla en 1802, pero Haití proclamó independencia en 1804 como primer estado negro libre. Colonos franceses huyeron a Luisiana, vendida por Napoleón a Estados Unidos en 1803 por 15 millones de dólares, duplicando su territorio y expandiendo la esclavitud.
Inglaterra prohibió el comercio de esclavos en 1807 y la esclavitud en 1833, pero Cuba se convirtió en el mayor productor mundial durante el siglo XIX bajo España, recibiendo casi un millón de africanos esclavos. España abolió la esclavitud en 1886, seguida por Brasil en 1888, tardando casi 100 años en desvincular la industria azucarera de la esclavitud formal.
La remolacha azucarera europea compitió desde finales del siglo XIX, forzando a plantadores coloniales a buscar alternativas. Francia exigió en 1825 a Haití una indemnización de 150 millones de francos a ex plantadores, reducida a 90 millones pero con intereses que endeudaron al país hasta 1947, equivaliendo hoy a 22.000-48.000 millones de dólares. Buques franceses bloquearon Puerto Príncipe para imponerla.
Esta deuda perpetuó la pobreza en Haití, impulsando migración a plantaciones azucareras en República Dominicana, donde miles de haitianos viven en batayes precarios de Central Romana, cortando caña por pieza en condiciones de esclavitud moderna. El documental denuncia que la libertad tuvo un alto precio para los explotados.
Post-abolición, británicos recurrieron a trabajadores indios y chinos pobres como sustitutos baratos en colonias, manteniendo explotación sin esclavitud formal.