Panaderías de la provincia de Buenos Aires registran una caída del 45% en ventas y del 85% en facturas en lo que va del año, con más de 2000 cierres en el país y 16.000 despidos. El consumo se reduce drásticamente, obligando a los comercios a vender productos por unidad y facturas a pedido para evitar pérdidas, ya que ya no es negocio producir en abundancia.
En una panadería de Castelar, el comerciante Sebastián Ávila confirma el cambio de hábitos: antes los clientes llevaban kilos de pan y docenas de facturas, ahora solo tiras de pan o dos o tres unidades para el día. Al principio del mes hay un leve repunte, pero luego la gente se queda sin plata y las ventas caen.
Los precios se mantienen estables para no perder clientes: el kilo de pan cuesta 3000 pesos y la docena de facturas 10.000 pesos, aunque las unidades individuales como pepas o escones se venden sueltas. Los panaderos ofrecen facturas del día anterior en bolsitas más baratas a 1500 pesos, que son lo que más sale ahora.
Los márgenes de ganancia se achicaron al 50-60%, antes eran mayores, pero el gobierno cuestiona que deberían estar cerca del 30%. Los costos fijos como impuestos y alquileres siguen altos pese a la menor venta, sumando un combo explosivo con la crisis económica y posibles cambios de hábitos por salud.