Las ventas en panaderías sufrieron una caída drástica del 45% en facturas y pastelería, y del 30-35% en pan, desde el Día de la Madre.
Un panadero contó en primera persona que el consumo se estancó: la gente lleva medio kilo en lugar de uno, y hasta el pan de primera necesidad se volvió lujo en esta crisis.
Nunca antes pasó esto, incluso en crisis previas se trabajaba mejor, pero ahora todo bajó fuerte y no levanta.