La Cámara de Panaderías reportó una caída del 45% en las ventas de pan y facturas, productos básicos en las mesas argentinas, junto con la pérdida de 16.000 puestos de trabajo, principalmente en el AMBA por cierres y reducciones de personal.
En una panadería porteña, la dueña explicó que los clientes ya no compran por kilo sino por unidad: un pancito pesa 190 gramos, el kilo de pan cuesta 5.000 pesos, una docena de facturas 12.000 pesos y un pebete de jamón y queso 2.500 pesos. Las ventas de facturas bajaron de 260 docenas diarias a solo 35-40, pese a promociones escolares.
Los costos de insumos, alquileres y servicios suben, pero los precios se mantienen desde noviembre para no perder más ventas; la dueña absorbe las pérdidas y reduce producción, aunque mantiene al personal que sostiene a 17 familias. Notó la baja desde mediados del año pasado, confirmada en diciembre con fiestas flojas.
El consumo familiar se fraccionó al mínimo diario, sin sobrantes para tostadas o meriendas; adultos mayores y chicos del colegio son los clientes habituales, pero todo menguó por la crisis económica que no rinde en el bolsillo.
La situación es crítica: "el que aguante quedará", advierte la panadera, que achica en todo, incluido su hogar, ante el riesgo de debacle si no reactiva pronto.