En Iglesia de la Ciudad, el pastor expone señales que indican el mal uso del tiempo, citando Efesios 5 donde el apóstol Pablo insta a ser sabios aprovechando el tiempo para la gloria de Dios.
El predicador presenta una analogía impactante: un banco imaginario acredita 86.400 pesos diarios en la cuenta personal de cada uno, pero no arrastra saldos y el dinero no gastado se pierde al final del día. Para sorpresa del público, aclara que este banco existe y se llama tiempo, con Dios depositando 86.400 segundos cada mañana, que se desperdician si no se usan para su gloria.
El pastor detalla un análisis de una vida de 75 años: 21 años durmiendo, 14 trabajando, 7 en higiene, 6 comiendo, 6 viajando, 5 en colas, 7 aprendiendo, 3 en reuniones, 2 al teléfono, 1 buscando objetos perdidos, 22 meses en cultos, 8 meses en correspondencia inútil y 6 meses en semáforos. Además, revela que una pareja dedica solo cuatro minutos diarios a comunicarse y los padres menos de un minuto a hablar con hijos de temas importantes.
Concluye que Dios dio el tiempo limitado con propósito para glorificarlo, citando Hechos y 1 Corintios 10:31: cualquier cosa que hagan, háganlo para la gloria de Dios. Advierte que el tiempo no usado así se pierde eternamente y habrá rendición de cuentas.