El predicador continúa explicando el título "Oraciones del tamaño de Dios", citando a el apóstol Pablo en 2 Corintios 10:4, quien usaba armas invencibles de Dios para destruir fortalezas del mal, no armas humanas. Pablo, veterano en batallas espirituales, nunca perdió contra las fuerzas del mal porque practicaba secretos de la oración efectiva.
La oración efectiva requiere principios bíblicos, empezando por ser específica. La respuesta divina depende de la precisión de las peticiones, como en ejemplos bíblicos: la iglesia primitiva en Hechos 4 pidió audacia para hablar de Dios y la recibió; Jabes en 1 Crónicas 4:10 obtuvo lo que invocó; Bartimeo pasó de pedir misericordia ambigua a exigir ver y fue sanado al instante.
Ana pidió un hijo específicamente y lo obtuvo; Josué detuvo el sol con una petición audaz que Dios concedió. Dios responde específicamente a oraciones claras, no ambiguas como "Señor, ten misericordia".
El segundo secreto es la oración atrevida y osada, que honra a Dios. Oraciones pequeñas limitan su poder; una fe audaz abre los cielos, como en Salmo 2:8 donde Dios desea bendecir pero espera que se pida. Jesús enseñó osadía en Lucas 11 con la parábola del amigo a medianoche, quien insistió imprudentemente y recibió tres panes por su perseverancia.
La insistencia descarada, no la amistad, movió al amigo a ayudar, mostrando que Dios responde a oraciones atrevidas en hora inusual, medida grande y perseverancia.