El orador consagra todas las prendas de ropa, fotos y documentos que están frente a la pantalla, representando casas, departamentos, negocios, autos, motos y camiones. Pide a Dios que bendiga a todo el pueblo en el nombre de Jesús, recordando que quien pide recibe.
Ordena en el nombre de Jesús que el Espíritu de Dios entre y que todas las enfermedades, opresiones y males salgan de las personas representadas por esos objetos, para que no vuelvan nunca más. Todo lo perteneciente a las tenebras debe abandonar ese territorio.
Bendice la vida, la casa y la familia de los televidentes para la gloria de Dios. Invita a respirar profundamente, comprobar el milagro recibido y enviar el testimonio al programa.