La oración genera poder espiritual ilimitado y responde a críticas injustas mediante perseverancia, como enseña la Biblia. Aunque Dios a veces se demora en contestar para probar la fe, como en el caso de la mujer cananea que insistió hasta obtener la sanación de su hija, o con Lázaro donde Jesús esperó cuatro días para fortalecer la fe de todos. La clave es no rendirse ante el silencio divino, insistiendo hasta abrir las puertas del cielo.
Tercero, la oración permite conocer la voluntad de Dios, orando con persistencia como Jesús en Getsemaní. Jesús oró repetidamente hasta aceptar la copa del sufrimiento, diciéndole luego a Pedro que la bebió porque era la voluntad del Padre. Pablo también oró tres veces por su espina en la carne, aceptando la respuesta divina de que su gracia bastaba.
No levantarse de las rodillas hasta conocer lo que Dios quiere, perseverando sin prisa, ya que la fe soporta el tiempo.
Cuarto, la oración de gratitud es un perfume agradable para Dios, como en el Salmo 66. Dios es fiel y colma de bendiciones aun cuando las oraciones son escasas, pero exige arrepentimiento y confesión de pecados para escuchar. El salmista confiesa para ser oído, y 2 Crónicas 7:14 promete que si el pueblo se humilla, ora y abandona la mala conducta, Dios perdonará y prosperará.
Acercarse con manos abiertas pero corazón cerrado no funciona; la confesión restaura el compañerismo con Dios, y ante acusaciones del diablo, clamar 'escrito está'.