Jesús enseña en la parábola de Lucas 11 a orar con osadía e insistencia, como el hombre que a medianoche golpea la puerta de su amigo pidiendo tres panes aunque solo necesita medio. A pesar del rechazo inicial por la hora inconveniente, la perseverancia del peticionario lo hace recibir exactamente lo pedido, no por amistad sino por su descarada insistencia, según explica el predicador.
La oración eficaz debe ser atrevida en la hora, la medida y la perseverancia, honrando a Dios y alineada con sus propósitos. Jesús refuerza esto en la parábola de la viuda inoportuna en Lucas 18, quien cansa a un juez injusto con súplicas constantes hasta obtener justicia, ilustrando que si un juez sin compasión cede, Dios responderá mucho más a los perseverantes.
El apóstol Pablo vencía fuerzas del mal con oración específica y perseverante, al igual que Jacob luchó hasta el amanecer para ser bendecido, Nemías obtuvo favor real orando día y noche, y la iglesia primitiva creció explosivamente por no cesar en golpear las puertas del cielo. Ejemplos bíblicos abundan: Moisés, Ur y Aarón orando para vencer a los amalecitas; Pedro pidiendo caminar sobre aguas; Elías deteniendo lluvia tres años; Eliseo resucitando un niño; Josué deteniendo el sol.
El predicador exhorta a no aflojar antes de la bendición, a pedir grande para la gloria de Dios, extensión de su reino y edificación de la iglesia, ya que Dios responde oraciones del tamaño de su poder, no por lástima sino por fe osada.