El cierre del Estrecho de Hormuz paralizó el 20% del petróleo mundial y disparó los precios por encima de los 85 dólares el barril, en medio de la escalada bélica entre Israel, Estados Unidos e Irán, que incluye la muerte del líder supremo Ali Khamenei y bombardeos continuos sobre el país persa.
Contrario a las expectativas de Estados Unidos e Israel, miles de iraníes marcharon en Teherán y otras ciudades en apoyo al régimen, mostrando lealtad pese a la eliminación de Khamenei, como reportó la CNN desde las oraciones del viernes, donde hardliners conservadores defendieron la revolución y rechazaron cualquier cesión territorial.
En entrevista con Oscar Laborde, ex presidente del Parlasur, se comparó la situación con el secuestro de Nicolás Maduro en Venezuela, donde tampoco hubo revueltas masivas contra el régimen pese a las esperanzas de una "revolución de colores". Estados Unidos busca controlar el petróleo iraní y posiciones geopolíticas, en un contexto de declive relativo del imperio que recurre a la fuerza bruta violando leyes internacionales.
Laborde destacó el error de análisis estadounidense al asumir adhesiones automáticas contra los líderes "tiranos", y advirtió sobre una guerra larga que contradice las promesas de Trump de evitar conflictos eternos. Se mencionó la capacidad militar iraní con misiles y drones, el rol de China y Rusia como aliados clave, y el debate nuclear donde Israel posee armas no declaradas mientras acusa a Irán, según Rafael Grossi de la OIEA.
Los panelistas coincidieron en que Irán no negocia y prepara respuestas contra bases estadounidenses en países vecinos, enmarcando el conflicto como una guerra proxy contra China vía la ruta de la seda.