En las comunidades wichí de Morillo, sobre la ruta 81 en el Gran Chaco entre Salta y Chaco, los jóvenes enfrentan una crisis extrema marcada por el hambre, la deserción escolar masiva, el alcoholismo, el consumo de drogas como nafta inhalada y un alto índice de suicidios que ha cobrado la vida de casi 17 chicos en cuatro años.
Testimonios revelan que los adolescentes abandonan la escuela por no poder llevar merienda, uniforme o materiales, sumado a la discriminación y barreras idiomáticas. Muchos caen en adicciones: fuman marihuana a los 15 años, inhalan nafta de tetrabrics o bidones de cinco litros, y consumen alcohol desde los seis u ocho años publicly en las calles, sin vergüenza.
Casos trágicos incluyen ahorcamientos, quemaduras fatales con el 90% del cuerpo carbonizado, como el reciente de un chico en Chañar, y otros suicidios semanales. Expertos del hospital local, de complejidad 2, derivan casos graves pero lamentan la falta de enfoques integrales en educación, salud mental y seguridad, mientras el estigma destruye la cultura wichí.
Jóvenes como Beto, quien dejó la primaria a los 15 por drogas y ahora busca salir del consumo mediante huertas comunitarias, ilustran el hambre de futuro. Familias y mujeres viven bajo amenaza constante de muerte por comas alcohólicos, peleas de bandas y vulnerabilidad, naturalizando la pobreza extrema en un país rico.
Dirigentes han pedido frenar la venta de alcohol y nafta a menores, pero persiste el acceso fácil, agravando el hastío diario donde los chicos deambulan sin propósito.