En las comunidades wichí de Morillo, en el Gran Chaco entre Salta y Chaco, 17 jóvenes murieron por suicidios y consumo de drogas como nafta en cuatro años, agravado por hambre extrema, deserción escolar masiva, alcoholismo y falta de perspectivas.
Beto, uno de los afectados, empezó a consumir alcohol a los 6 u 8 años a la vista de todos, sin vergüenza. Se acercó a pedir ayuda para dejarlo, participa en la huerta comunitaria convocando a otros y ahora dibuja conejos en actividades recreativas.
Los jóvenes expresan angustia por no ver salida a la pobreza en un país rico lleno de desigualdades, agravado por acceso a TV y celulares que muestran otras realidades inalcanzables.
La Fundación busca generar espacios para retenerlos, con salida laboral, recuperando un sitio abandonado usado para consumir: instalar baño, agua, electricidad, cine, dibujo, y centros NAMUM de conectividad con internet, computadoras y libros para contención.
El foco está en las tardes críticas al caer la noche, cuando buscan esconderse para drogarse, ofreciendo alternativas para soñar un futuro posible.