Oriana, despedida de su empleo, se reinventó como electricista freelance, se viralizó en redes con videos de reparaciones e impulsa una red de mujeres técnicas en Argentina para ayudarse mutuamente con trabajos.
Imprimió volantes en la misma gráfica donde la echaron para promocionarse, pero el boom llegó con los videos; su suegro la inició en el oficio, estudió electricidad nuclear en UTN y ahora arranca curso de matriculada en Copime. Invita a mujeres a capacitarse en oficios prácticos para arreglos domésticos.
Critica a electricistas que cobran de más por tareas simples y relata anécdotas como instalar célula fotoeléctrica en paredón o obra nueva en construcción; todas sus clientas son mujeres por desconfianza hacia hombres, como un caso donde un potencial cliente le tiró onda por mensajes.
La idea de la red surge de su propia angustia post-despido y la dificultad de mujeres en oficios; surgió de curiosidad viendo necesidad de oficios, con ayuda familiar en mantenimiento.
Los conductores la elogian como ejemplo de emprendedurismo alineado al "sueño del presidente" y la despiden destacando su historia inspiradora.