El pastor Cinalli continúa explicando el poder de orar en el Espíritu Santo, citando Judas 1:20, donde se exhorta a orar en el Espíritu para tener compasión de los que dudan y rescatarlos arrebatándolos de las llamas del juicio eterno.
Enfatiza que al operar en el poder del Espíritu Santo, los creyentes se convierten en intercesores poderosos, instrumentos de Dios para salvar a familias, hijos, nietos, barrios y naciones del infierno, trasladándolos al reino de Jesucristo.
La oración en el Espíritu transforma la práctica de la oración de algo monótono y aburrido en una oportunidad emocionante para colaborar con Dios en la salvación de almas, viendo el cielo moverse en la tierra.
Describe tres aspectos clave: primero, ser ungidos por el Espíritu Santo como los sacerdotes del Antiguo Testamento, lo que requiere conversión y control total del Espíritu; segundo, el Espíritu dirige la oración conforme a la voluntad de Dios en el nombre de Cristo, ayudando incluso cuando no se sabe qué pedir; tercero, el Espíritu energiza la oración contra la tentación de desfallecer.
Insiste en que las oraciones en el Espíritu son certeras, producen resultados en el mundo espiritual y requieren rendir la voluntad, mente y labios completamente a Dios para glorificarlo.