Julián Weich compartió una anécdota sobre cómo vivió durante diez días con su hijo Jerónimo en Panamá, adoptando su estilo de vida mochilero. Durante este tiempo, durmieron en parques nacionales y playas, y él mismo participó haciendo malabares y pidiendo dinero en los semáforos para colaborar con los gastos.
Weich describió la experiencia como "alucinante" y afirmó que no la vivió como un esfuerzo o un desafío, sino como una forma de conectar con su hijo y entender su perspectiva. A pesar de la repercusión que tuvo la noticia, él no se considera un "buen padre" sino simplemente un padre que apoya las decisiones de sus hijos.
Destacó la importancia de que los hijos vivan sus propias experiencias y aprendan a desenvolverse en la realidad, en lugar de ser sobreprotegidos. Relató que al principio intentó guiar a sus hijos hacia ciertas carreras, pero finalmente comprendió que debían seguir sus propios caminos.