Claudio experimenta ansiedad al contar los días para el nacimiento de su tercer hijo, un evento que anticipa será un "monstruo" de gran tamaño. A pesar de la alegría, siente una "pequeña culpita" por no poder tener un bebé de menor peso, como otros.
El padre confiesa sentir culpa por la carga que recae sobre su esposa, quien pasa la mayor parte del tiempo con los niños. Él llega a casa cansado y siente que no puede ofrecerle la ayuda que le gustaría, especialmente considerando el avanzado estado de embarazo de ella.
La dinámica familiar se ve afectada por la inminente llegada del bebé y la necesidad de adaptarse a los cambios. Claudio expresa su deseo de estar presente en el nacimiento y en los días posteriores, aunque reconoce que la situación será demandante.