Julián Weich describió como "natural" su decisión de mudarse temporalmente a Panamá para vivir la experiencia de su hijo Jerónimo, quien llevaba un estilo de vida mochilero. La experiencia, que duró diez días, incluyó dormir en la calle y en playas, y generar ingresos a través de malabares y pidiendo dinero en los semáforos.
Weich minimizó la repercusión que tuvo esta noticia, aclarando que no fue un desafío ni una locura, sino una elección personal para conectar con su hijo. Considera que es importante que los hijos vivan sus propias realidades y aprendan a desenvolverse, mostrando los peligros pero permitiéndoles experimentar.
El conductor también reflexionó sobre la percepción de la fama y el éxito, contrastando la idea de ser influencer o millonario con la de vivir en abundancia, que para él significa tener lo suficiente y adaptarse a la realidad. Weich valora la autenticidad y la capacidad de disfrutar de lo que se tiene, sin depender exclusivamente de lo material.