La dura realidad económica de Villa Fiorito se manifestó a través de testimonios desgarradores. Una mujer de 78 años relató sus dificultades para alimentarse, comiendo solo una vez al día y subsistiendo gracias a la ayuda de comedores barriales.
Seis o siete personas conviven en una misma casa con ingresos ínfimos, donde la pensión no alcanza para cubrir las necesidades básicas. La situación se agrava al tener que pagar deudas y fiados, dejando a veces de comer para poder alimentar a los chicos.
La solidaridad de los comedores se presenta como un salvavidas crucial, pero la demanda es constante. Los testimonios reflejan una profunda preocupación por la falta de recursos y la necesidad de recurrir a la ayuda externa para garantizar la alimentación diaria.