Se observa con sorpresa y dolor que sectores del progresismo y la izquierda, históricamente aliados del pueblo argentino, se están sumando a la campaña anti-Argentina. Estos grupos solidifican discursos que incentivan el odio y estigmatizan a un pueblo, a pesar de que la mayoría de los argentinos no son representativos de algunas conductas negativas.
Las redes sociales y diversos medios de comunicación continúan replicando estas narrativas, y ahora se suma parte del espectro progresista. Esta tendencia genera preocupación, ya que amplifica discursos que promueven la división y el resentimiento, afectando la percepción internacional del país.