Se reflexiona sobre la creciente mercantilización del fútbol, que lo está transformando en un espectáculo para el mundo y no solo para el país local.
Se critica la influencia de la lógica mercantilista de la FIFA y la tradición norteamericana, que prioriza el negocio sobre la esencia del deporte.
Se advierte que esta tendencia, visible en el Mundial y en otros torneos como el de clubes, marca un rumbo preocupante para el futuro del fútbol.