El consumo de carne vacuna en Argentina ha alcanzado su punto más bajo en 30 años, con 47 kilos por habitante al año, lo que representa una disminución de 8,2 kilos respecto a años anteriores. Si bien el cambio de hábitos podría explicar parte de la caída, el aumento del 45% en el precio de la carne vacuna en el último año, superando la inflación general, es el factor principal.
La carne de vaca aumentó un 53,6%, mientras que el pollo solo un 29,9%. Este diferencial de precios ha llevado a un mayor consumo de pollo, que se mantiene más estable en precio. Los salarios por debajo de la inflación hacen que la carne vacuna sea cada vez más un bien de lujo.