La neuroplasticidad es la asombrosa capacidad del cerebro humano para cambiar y reorganizarse a lo largo de la vida. Contrario a creencias anteriores, el cerebro no es una estructura fija, sino que puede adaptarse y crear nuevas conexiones neuronales.
Mediante la práctica constante de habilidades, las conexiones neuronales se fortalecen y se forman nuevos circuitos. Este proceso, facilitado por la mielina que recubre las neuronas, permite que la información viaje más rápido y las acciones se vuelvan más automáticas.
Aunque la plasticidad cerebral es mayor en la infancia, el cerebro adulto conserva la capacidad de aprender y adaptarse. Requiere mayor esfuerzo, atención y repetición, pero permite adquirir nuevos conocimientos y habilidades a cualquier edad, incluso en personas mayores de 70 años que aprenden idiomas.