Akelin padecía dolores crónicos y adormecimiento en su mano derecha debido a una fractura, a pesar de que los médicos indicaban que no tenía nada.
Al participar en una reunión dominical y recibir el "agua viva", aplicó fe y colocó un poco de esta agua en su mano, experimentando una restauración completa.
Actualmente, Akelin no siente dolor, su mano ha sido restaurada y puede realizar sus actividades diarias con normalidad.