Yamila relata que, tras sentirse mal con fiebre, dolor y malestar general, fue diagnosticada inicialmente con gripe. Sin embargo, su estado empeoró, presentando visión negra y dolor intenso, lo que la llevó a una guardia donde le detectaron plaquetas peligrosamente bajas y una hemorragia severa.
A pesar de la medicación, su situación no mejoraba. Estando sola en la habitación y conociendo el poder de Dios y la fe, Yamila decidió hacer un propósito con el agua viva. Tomó tres litros con fe, determinando su curación. Al día siguiente, la hemorragia se detuvo y las plaquetas se normalizaron, recibiendo el alta médica inesperadamente.