El escándalo de la posible intervención de Donald Trump en el Mundial, que habría influido en la expulsión de un jugador, genera debate sobre la unión entre política y deporte.
Se cuestiona la credibilidad institucional de la FIFA y su presidente Infantino, ante la posibilidad de que hayan cedido a presiones políticas. La UEFA también muestra rispideces con la FIFA, lo que podría generar un efecto dominó.
Se menciona el caso de la Federación Inglesa pidiendo la revisión de la expulsión de Yarel Kwanza en el partido contra México, como un antecedente de disputas similares.
La independencia de los órganos disciplinarios se considera crucial, y la percepción de cercanía entre el poder político y las decisiones deportivas se ve como un desafío para la credibilidad del fútbol.