Margarita cuenta que su hijo llevaba más de un año sin conseguir trabajo, a pesar de enviar currículums constantemente. Indignada por la situación, decidió usar la fe a través del propósito del "agua viva", rociando las pertenencias de su hijo.
Poco tiempo después, su yerno lo llamó para trabajar juntos en la fabricación y entrega de muebles en zonas exclusivas. Desde entonces, su hijo no ha parado de trabajar, tiene un empleo muy estable con un buen sueldo y ya no pasa necesidades, siendo un testimonio de la bendición recibida a través de la fe y el agua viva.