El estado de salud de Sara es motivo de gran preocupación. El Dr. Kono ha revisado las imágenes de su cerebro y, tras solicitar segundas opiniones, coincide en que la cirugía para extirpar el tumor es extremadamente riesgosa debido a su tamaño y ubicación.
Se plantea la posibilidad de que el tumor esté provocando las alucinaciones de Sara, quien afirma ver a Dios. La familia se enfrenta a la dura realidad de un diagnóstico complicado y la incertidumbre sobre las opciones de tratamiento.