El fenómeno de El Niño, observado desde el siglo XVII, se caracteriza por aguas más cálidas y menor abundancia de peces, pudiendo provocar inundaciones, sequías, olas de calor y tormentas a nivel mundial.
Este fenómeno altera sistemas de abastecimiento de agua y afecta a los más vulnerables. Se produce cada 2 a 7 años, alternándose con La Niña. Los vientos alisios normalmente empujan aguas cálidas hacia el oeste en el Pacífico Ecuatorial, pero durante El Niño, estos vientos se debilitan y las aguas cálidas se desplazan al este, elevando el calor a la atmósfera.
Esto resulta en condiciones más húmedas y tormentosas en algunas zonas de Sudamérica, sequías en Asia y Australia, y un aumento de las temperaturas medias globales que puede agravar el cambio climático.
Las catástrofes climáticas son cada vez más frecuentes y costosas. El fenómeno se declara oficialmente cuando las temperaturas del mar en el Pacífico Ecuatorial superan la media en 0,5 grados centígrados durante varios meses.