El fenómeno de El Niño, que se produce cada dos a siete años, está llamando a la puerta y conlleva riesgos significativos a nivel global. Este fenómeno climático puede provocar inundaciones, sequías, olas de calor y tormentas, afectando de manera desproporcionada a las poblaciones más vulnerables.
Los vientos alisios, que normalmente empujan las aguas cálidas del Pacífico hacia el oeste, se debilitan durante El Niño. Esto permite que las aguas cálidas se desplacen hacia el este, liberando más calor a la atmósfera y alterando la circulación atmosférica global y los patrones meteorológicos.
Se esperan condiciones más húmedas y tormentosas en el sur de Estados Unidos y algunas zonas de Sudamérica, con riesgo de inundaciones. Por otro lado, el sur de Asia y Australia podrían enfrentar sequías, aumentando la probabilidad de incendios forestales. Las temperaturas medias globales tienden a aumentar, lo que puede generar crisis potenciales.
Científicos declaran oficialmente El Niño cuando las temperaturas superficiales del mar en el Pacífico ecuatorial se elevan 0,5 grados centígrados por encima de la media durante varios meses consecutivos. Este fenómeno representa una amenaza creciente ante la cual el mundo debe prepararse.