Se presenta un estudio que vincula la preferencia por la comida picante con ciertos rasgos de personalidad, como la búsqueda de sensaciones, la sensibilidad a la recompensa y la afinidad por el riesgo.
La investigación sugiere que esta preferencia no solo depende del gusto o la cultura, sino también de factores emocionales y contextuales, y podría reflejar una forma particular de procesar estímulos intensos.
Se compara esta idea con la de "personalidad tipo A" identificada en la década del 50, que asociaba ciertos rasgos conductuales con un mayor riesgo cardiovascular.