Una revisión publicada en la revista Food sugiere que la preferencia por la comida picante podría estar ligada a rasgos de personalidad como la búsqueda de sensaciones y ciertos perfiles conductuales.
El estudio indica que esta afinidad por lo picante no solo dependería del gusto o la cultura, sino también de factores emocionales y contextuales, sugiriendo que podría reflejar cómo algunas personas procesan el riesgo y la intensidad sensorial.