Ser guiado por el Espíritu Santo implica que la palabra de Cristo llene nuestras vidas y permanezca en nosotros. Vivimos en la plenitud del Espíritu en la medida en que nos dejamos guiar por Él y su palabra inspirada.
La plenitud del Espíritu Santo es el resultado de dejarse guiar por la palabra inspirada por el Espíritu, lo que nos permite vivir una vida plena y alineada con la voluntad de Dios.