Es fundamental que nuestra vida sea guiada y controlada por el Espíritu Santo, llena de los frutos del Espíritu, amando la palabra de Dios y no resistiéndonos a ella.
Debemos preguntarnos si estamos suprimiendo los deseos malos de nuestra vieja naturaleza o alimentándolos. La clave es que el Espíritu Santo posea cada aspecto de nuestra vida, iluminándola con su presencia y alejándonos de la vida mundana y la carne.