Ernestina Páez se declaraba adicta al trabajo por miedo a quedarse sin empleo, lo que la llevaba a aceptar múltiples compromisos laborales. Esta situación, sumada a su lucha contra la ansiedad, la orillaba a recurrir al alcohol como forma de escape, según sus propias declaraciones.
En varias entrevistas, Ernestina mencionaba que llegaba a su casa en un estado de profunda angustia, incapaz de convivir consigo misma, y recurría al alcohol, lo que la llevaba a perderse por varios días. Su hijo y familia jugaron un papel crucial en su recuperación.