Vivir conforme a la carne implica anhelar las cosas de la carne y llevar una vida mundana, cuyo resultado es la muerte espiritual. Esta muerte se refiere a la condenación eterna, la cual debe evitarse.
Por el contrario, quienes viven según el espíritu se preocupan por las cosas del espíritu. La vida mundana y la conformidad con la carne conducen a la muerte eterna, mientras que vivir según el espíritu conduce a la vida eterna.