Se reitera que la unción de la productividad y la multiplicación se activa al operar y trabajar en el espíritu, en dependencia de Dios. Cuando esto sucede, lo estéril se vuelve productivo y el desierto se transforma en un vergel.
Se anima a los creyentes a activar esta unción en sus vidas, familias, ministerios y trabajos, confiando en que la presencia y el poder del Espíritu Santo obrarán para que todo prospere.