La recomendación bíblica es ser llenos del Espíritu, no de vino. Debemos revestirnos del Señor Jesucristo y no pensar en satisfacer los malos deseos de la carne ni vivir de forma mundana.
Estimular los deseos carnales, dar rienda suelta a pensamientos basura e imágenes degradantes conduce a vivir vidas mundanas conforme a la carne, cuyo resultado es la condenación y la muerte eterna.