Las autoridades francesas han reaccionado con mayor celeridad ante la segunda ola de calor, recordando la mortífera de 2003. Se han implementado medidas como el cierre de 1.800 escuelas, el cierre de algunas líneas de tren y metro no climatizadas, e incluso de zonas hospitalarias.
Los pacientes son derivados a hospitales más modernos. A pesar de estas acciones, la percepción ciudadana es que las medidas aún no son suficientes para afrontar la crisis. La preocupación es alta, evocando las cerca de 15.000 muertes ocurridas en 2003.