El Espíritu Santo es el agente fundamental en el envío de misioneros a través de la iglesia, seleccionando y comisionando a individuos para la obra. Bernabé y Saulo, por ejemplo, fueron elegidos y enviados por el Espíritu Santo para misiones específicas.
Se enfatiza que ningún líder o soldado envía a otro a su propia expensa; siempre hay capacitación y apoyo. Cuando las personas son amadas, elegidas y revestidas del poder del Espíritu Santo, los resultados de su labor son sobrenaturales.
Se advierte sobre la resistencia al llamado del Espíritu Santo, lo cual entristece y puede llevar a la blasfemia. Los primeros creyentes se caracterizaban por su obediencia al Espíritu Santo, no por hacer lo que les parecía correcto.
El secreto de un servicio eficaz no reside en dones o cualidades personales, sino en someterse completamente a la dirección del Espíritu Santo. Una persona gobernada y poseída por el Espíritu se convierte en un instrumento poderoso en manos del Señor.