Se explicó que el Espíritu Santo guía la obra misionera de la Iglesia, seleccionando y enviando a los obreros, como ocurrió con Bernabé y Saulo, quienes fueron apartados por el Espíritu.
Se enfatizó que el Espíritu Santo también escoge los campos de trabajo misionero, impidiendo a Pablo y su equipo predicar en Asia y Bitinia para dirigirlos hacia Europa, según la visión recibida.
Se destacó la importancia de conocer y pedir conforme a la voluntad de Dios, y de consultar al Espíritu Santo como intérprete y consejero para discernir dicha voluntad en situaciones específicas.
Se advirtió sobre el peligro de ignorar la guía del Espíritu Santo, lo cual puede llevar a entristecerlo, resistirlo y finalmente cometer el pecado imperdonable de blasfemia.