El naufragio del Monte Cervantes en Ushuaia, lejos de ser un fracaso, se convirtió en un arrecife artificial que atrajo una sorprendente diversidad de vida marina. El buque, hundido en aguas frías, alberga ahora un ecosistema vibrante.
El buzo Héctor Monsalve, que investigó los restos del naufragio, descubrió la riqueza de colores y vida en las profundidades. El casco del Cervantes, colonizado por la fauna marina, se ha transformado en un oasis submarino donde merodea la centolla, un predador que acecha desde la superficie.